Para comprar una vivienda, la mayoría hace el recorrido clásico: visitar portales inmobiliarios o acudir a una agencia, realizar visitas para conocer en persona la que podría ser su próxima casa, solicitar financiación bancaria y acudir al notario a firmar. Sin embargo, existen otros métodos menos conocidos que, además, suponen un importante ahorro, si bien también tienen sus inconvenientes.

Adjudicarse un inmueble por medio de una subasta comienza a calar como una fórmula no solo para inversores, sino también perfectamente apta para principiantes. El proceso para comprar una vivienda subastada difiere completamente del método convencional, y son muchos los que piensan que es demasiado complicado o que se trata de inmuebles que no merecen la pena. Nada más lejos de la realidad. Si quieres saberlo todo de las subastas inmobiliarias, sigue leyendo.

¿Qué es una subasta y qué tipos existen?

Una subasta inmobiliaria es un proceso por el cual un bien (no solo hay viviendas, también hay locales, solares, fincas rústicas, garajes…) se pone a disposición del público para que puje por él. La gran mayoría de los inmuebles subastados tienen un denominador común: han sido embargados. Lo más habitual es que se trate de impagos hipotecarios, cuyos préstamos han sido ejecutados, y con el dinero de la subasta se trata de responder a la deuda pendiente, pero también han podido cambiar de manos para cubrir otro tipo de deudas, e incluso, indemnizaciones.

En función del organismo que haya detrás de la subasta, es decir, del nuevo propietario, y de otra sería de factores, tendríamos diferentes tipos de subastas:

Subastas judiciales

Son las más comunes, el punto y final de un proceso judicial al que tanto personas físicas como jurídicas llegan tras haber sufrido la ejecución de un inmueble y haberse reconocido la deuda en un juicio. Dentro de estas subastas, hay otras tres subcategorías:

Subastas extrajudiciales

En este caso, estaríamos hablando de subastas que no involucran a un juzgado y que se rigen por otra normativa en función de quién sea el organismo que las organice:

¿Cómo se puja en una subasta?

En primer lugar, hay que acudir a la fuente donde se publica toda la información de las subastas. Desde quién es el organismo que hay detrás hasta las características del piso en cuestión: ubicación, superficie, precio de salida, etc. Todos estos datos figuran en el portal de subastas del Boletín Oficial del Estado (BOE), donde tendrás disponible todas las subastas públicas, ya que las de tipo judicial, administrativo y notarial se unifican con el objetivo de simplificar el proceso y hacerlo más transparente. Las únicas que no se recogen aquí son las privadas.

Registrarse en el portal de subastas del BOE es imprescindible para poder participar. En este sentido, el buscador permite filtrar por provincia y acceder a algunos datos, pero la información completa solo está disponible para personas físicas registradas, para lo que será necesario contar con un certificado electrónico o por medio de la plataforma de identificación Cl@ve, ya sea con una Cl@ve Permanente o una Cl@ve PIN. De este modo, se dispondrá de un usuario y contraseña para pujar.

Tras encontrar el piso que te interese, hay que consignar un depósito a través de la pasarela de pagos de la Agencia Tributaria antes de pujar. Suele ser del 5% del valor de tasación, pero en ocasiones asciende al 25%-30%. Las pujas se admitirán durante los 20 días naturales siguientes a la apertura de la subasta, y se cierran una hora después de la última puja.

Tras el cierre, el bien subastado se adjudica a la puja más alta, y en caso de empate, a la que se haya realizado antes. El ganador tendrá 40 días hábiles para satisfacer la totalidad del pago, pero si es una subasta de Hacienda sólo tendrá 15 y si es de la Seguridad, únicamente 5. Los que no hayan ganado, recuperarán el depósito.

Ventajas de las subastas

Inconvenientes de las subastas

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